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TEAM!

Lecciones
y valores
del rugby
para la vida

Jaime Nava
Juan Tinoco

Ilustraciones de

TERESA TEJEDOR DÍEZ

Prólogo de

CÉSAR BONA

Epílogo de

ÍÑIGO MANSO

Primera edición: octubre de 2020

© de esta edición y derechos exclusivos de edición reservados para todo el mundo:

Editorial Diéresis, S.L.

Travessera de Les Corts, 171, 5º-1ª

08028 Barcelona

Tel: 93 491 15 60

info@editorialdieresis.com

© del texto: Jaime Nava, Juan Tinoco

© del prólogo: César Bona

© del epílogo: Íñigo Manso

© de las ilustraciones interiores: Teresa Tejedor Díez

© fotos personajes portada, solapa y contraportada: Carolina Martínez Navarro

© foto campo de rugby (portada): LeArchitecto / iStock

Diseño: dtm+tagstudy

Impreso en España

ISBN: 978-84-18011-13-9

eISBN: 978-84-18011-14-6

Depósito legal: B 17972-2020

Thema: VS

Todos los derechos reservados.

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editorialdieresis.com

Twitter: @EdDieresis

Índice

Prólogo

¿Rugby? Ni en broma

Tres principios fundamentales

La primera gran lección

Los leones del futuro

Un bloqueo inesperado

El arte de la guerra

Alcatraz

El rey león

Soltando lastre

Liderazgo oval

El legado

The show must go on

Epílogo

Glosario de rugby

Agradecimientos

Los autores

«Caminando con Julio, el protagonista de esta historia, descubrimos la relación del rugby con la vida misma»

César Bona

autor del prólogo
y «mejor maestro de España»

 

 

«Libros como TEAM! son tan importantes porque ahora más que nunca necesitamos beber de las mejores fuentes de inspiración y recuperar valores»

Íñigo Manso

autor del epílogo
y CEO de bChange Mindset Management

Prólogo

por CÉSAR BONA

Yo era un niño pegado a un balón de fútbol.

Mi sueño era jugar con Brasil, un deseo que se antojaba difícil, más que nada porque había que cumplir unos cuantos requisitos a los que un niño español no tenía acceso. La ilusión, motor imparable en cualquier niño, iba conmigo. Se me podía ver, un día sí y otro también, jugando con mis amigos o regateando las líneas del asfalto con un balón en los pies dirigiéndome a la escuela de mi pueblo, y vestido con una camiseta de color amarillo, color de la selección carioca. Pese a que no llegué a cumplir ese sueño, mis amigos terminaron llamándome Zico, como el capitán de Brasil, lo cual se acercaba bastante desde los ojos de un niño.

El fútbol era uno de los deportes que practicábamos en el pueblo. Ahora bien, todo iba por modas, y si uno se compraba un balón de baloncesto, durante una larga temporada todos jugábamos a meter la pelota en dos círculos que pintábamos con tiza en la pared. Así las cosas, alternábamos tenis con cricket, beisbol o pelota vasca.

Un sábado por la mañana, como tantos en el frontón del pueblo, una caterva de niños esperábamos que alguien apareciera con un balón o una pelota para comenzar el juego, fuera el que fuere. Por la puerta ancha que unía el frontón con la calle apareció Diego, uno de los niños que, como cada fin de semana, se unían a la cuadrilla provenientes de la capital. Con él apareció el rugby en nuestras vidas.

Podría hablar como aquel niño que fui, o como maestro, o como espectador o como deportista que he sido. Todos los personajes que conforman a la persona coinciden en algo: es un verdadero honor prologar este libro que ha vuelto a abrir la puerta a aquella sensación que tuve en la infancia. Agradecido a Jaime y a Juan por haberme dado la posibilidad de aprender tanto sobre este deporte leyendo estas páginas. Caminando con Julio, protagonista de esta historia, uno descubre la facilidad con la que juzgamos lo desconocido. Uno descubre, también, la relación de este deporte con la vida misma.

Leyendo el libro recordaba los días previos a los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. En televisión habían lanzado una serie de spots que asociaban la práctica del deporte a la actitud fuera de él. Una frase pegadiza decía: «En la vida, como en el deporte…» y tras ella aparecían valores que recordaban la esencia del ser humano. Ojalá encontremos en la vida esos terceros tiempos, esa solidaridad y esa pasión que nos regala el rugby. Éste te enseña que hemos de dar nuestra mejor versión como profesionales y como personas, te descubre que la competitividad no está reñida con la deportividad, y sus reglas no escritas te exigen saber gestionar la frustración cuando pierdes y ser elegante cuando ganas, porque saber ganar es tan importante como saber perder.

Aquel sábado de infancia en el que por primera vez vi un balón de rugby de cerca, practiqué todo esto que ahora te cuento. No sabíamos pasarlo, pero lo intentábamos; nos descuadraban los botes extraños que daba, pero superábamos el reto. Y en el tiempo que duró aquel partido, todos aprendimos que aquel juego se basaba en reglas que todos acordamos seguir: respeto a uno mismo, a los demás, a las acciones, a los errores y a los aciertos; juego limpio, deportividad, perseverancia, gratitud, entrega o humildad. Y abrazando a todos esos valores, el honor. Esa lección aprendimos ese día en el frontón, cuando un muchacho de ciudad se acercó a nosotros con aquel balón ovalado bajo el brazo.

 

TEAM!

El lector encontrará ilustraciones que reflejan la práctica del rugby acompañando al texto. En las páginas 309-313 hallará un glosario con los principales términos de rugby utilizados en la obra (N. del E.)

A mi mujer, a mis hijos y a todos los que me han placado
dentro y fuera del campo, por ayudarme a ser cada día más fuerte.

Juan Tinoco

 

 

A mi familia y amigos, por apoyarme siempre y porque
sin vosotros muy probablemente no habría llegado a conseguir nada.

Al rugby, porque al igual que me pasó a mí,
muchos de vosotros encontraréis en él una guía.

Jaime Nava

«El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas… Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras sociales».

Nelson Mandela